Publicado el 2 de enero de 2026. Por el equipo de SUNIX Capital.
La computación cuántica puede, en teoría, romper parte de la criptografía que protege Bitcoin, pero no existe todavía un computador cuántico ni remotamente capaz de hacerlo. El riesgo real está en las firmas digitales de monedas cuya clave pública ya es visible, no en la red completa, y Bitcoin tiene caminos técnicos para adaptarse.
Vas a entender qué es un computador cuántico, por qué los titulares exageran y qué haría falta para que la amenaza fuera concreta.
Un computador cuántico es una máquina que usa qubits en vez de bits. Un bit clásico vale 0 o 1. Un qubit puede estar en una combinación de ambos estados a la vez, lo que permite resolver ciertos problemas matemáticos muchísimo más rápido que cualquier computador normal.
El miedo viene de ahí. La seguridad de Bitcoin se apoya en problemas matemáticos que a un computador clásico le tomarían más tiempo que la edad del universo. Si una máquina cuántica pudiera resolverlos en minutos, podría calcular claves privadas y mover bitcoins ajenos.
Cada vez que una empresa tecnológica anuncia un avance, aparecen titulares del tipo "Bitcoin se va a cero". Cuando Google presentó su chip Willow, en diciembre de 2024, se repitió que hacía en cinco minutos un cálculo que a una supercomputadora le tomaría un número de años con 25 ceros. Nicolás Palacios, fundador de SUNIX, lo explicó en su canal: esos titulares están hechos para asustar, no para informar. Ese cálculo fue una prueba diseñada para medir potencia, no un ataque a la criptografía.
Un qubit físico es el hardware real, frágil y lleno de errores. Un qubit lógico es un qubit confiable, construido combinando muchos qubits físicos con sistemas de corrección de errores. Para correr un algoritmo que rompa criptografía se necesitan qubits lógicos, y cada uno requiere cientos o miles de qubits físicos.
Willow tiene 105 qubits físicos. Su logro fue demostrar que la corrección de errores mejora a medida que se agregan qubits, un paso importante, pero lejos de los miles de qubits lógicos estables que harían falta. Como dice Nicolás, muchos qubits físicos no equivalen a poder real para resolver problemas.
Ejemplo: supongamos, para simplificar, que cada qubit lógico requiere 1.000 qubits físicos y que un ataque a las firmas de Bitcoin necesita unos 2.500 qubits lógicos. Harían falta 2,5 millones de qubits físicos funcionando a la vez, sin fallar. Willow tiene 105: la distancia es de más de 20.000 veces. Algunas estimaciones académicas llegan a decenas o cientos de millones de qubits físicos si el ataque tiene que completarse en un día o en pocas horas.
La parte expuesta son las firmas digitales, no el sistema de hash que asegura los bloques. La gente suele confundir ambas cosas.
El detalle está en cuándo es visible tu clave pública. En los formatos de dirección más usados, la cadena guarda solo una huella (hash) de la clave, y la clave pública queda expuesta recién cuando gastas desde esa dirección. Otros formatos, como los de los primeros años de Bitcoin y también Taproot, la muestran directamente. Si usas un formato basado en hash y nunca reutilizas direcciones, un atacante tendría que romper la firma en los minutos entre que envías la transacción y que queda confirmada en un bloque, que en promedio se genera cada 10 minutos.
Los bitcoins con más riesgo son los que tienen su clave pública visible desde hace años y cuyos dueños no pueden o no quieren moverlos.
Tipo de moneda | ¿Clave pública visible? | Riesgo cuántico relativo |
|---|---|---|
Monedas de los primeros años, incluidas las atribuidas a Satoshi Nakamoto | Sí, desde el inicio | Alto |
Direcciones reutilizadas | Sí, desde el primer gasto | Alto |
Monedas perdidas, con claves que nadie controla | Depende del formato | Alto, porque nadie puede migrarlas |
Direcciones nuevas en formatos basados en hash, nunca usadas para gastar | No | Bajo |
Nicolás estima en su video que cerca de un quinto de la oferta total estaría en alguna de estas categorías de riesgo; las cifras varían según quién haga la cuenta. Para un usuario común, la protección es simple: no reutilices direcciones y, si llega el momento, migra tus monedas a los nuevos formatos que adopte la red.
Un ataque cuántico real contra Bitcoin necesitaría tres cosas al mismo tiempo, según explica Nicolás:
Estimaciones citadas por Nicolás sitúan un ataque práctico al menos a 10 o 15 años. Nadie tiene la fecha exacta y los especialistas no se ponen de acuerdo, por eso tiene sentido prepararse antes.
Además, Bitcoin no sería el primer objetivo. Una máquina así sería más valiosa para atacar comunicaciones de gobiernos, bancos, infraestructura militar o cadenas de suministro. La amenaza llamada "cosechar ahora, descifrar después" (harvest now, decrypt later) preocupa sobre todo a quien guarda secretos cifrados, como historiales médicos o archivos de Estado. En Bitcoin las transacciones ya son públicas: lo sensible son las claves públicas visibles, no datos ocultos.
Nicolás agrega una idea propia: los primeros computadores cuánticos, sin poder suficiente para romper firmas, podrían ser más rentables minando que atacando, y al minar reforzarían la misma red que se supone que amenazan.
Bitcoin puede defenderse porque es software y sus reglas se pueden actualizar por consenso. En 2010, Satoshi Nakamoto escribió que, si alguna vez SHA-256 se rompía, la red podía acordar migrar a un nuevo algoritmo.
Ya existen firmas diseñadas para resistir computadores cuánticos. Unas se basan en funciones hash, como XMSS, LMS o SPHINCS+, y otras en estructuras matemáticas llamadas retículas, como Dilithium. El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) publicó en 2024 sus primeros estándares de criptografía post-cuántica, que incluyen versiones de Dilithium y SPHINCS+.
El desafío no es técnico sino de gobernanza. Cambiar las firmas de Bitcoin exige acuerdo entre desarrolladores, mineros, nodos y usuarios, y después que cada persona mueva sus monedas a direcciones nuevas. Eso toma años. Es lento a propósito: esa lentitud es parte de lo que protege a la red de cambios apresurados.
La lección de fondo es separar el riesgo real del ruido. Un titular alarmista puede empujarte a vender por miedo; un análisis frío te muestra que la amenaza existe, que tiene plazos largos y que hay medidas concretas. Decidir con datos y no con titulares es la misma disciplina que exige cualquier inversión.
En SUNIX enseñamos a invertir desde esa lógica: entender antes de actuar y tener reglas antes que emociones. SUNIX Capital, el servicio de copy trading de SUNIX, replica en tu cuenta las operaciones de un trader humano en proporción a tu capital, que sigue a tu nombre en tu bróker. Tú mantienes el control: puedes retirar o desconectar la replicación cuando quieras. Y el riesgo sigue siendo tuyo, porque las pérdidas se replican igual que las ganancias.
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No con la tecnología existente. Ningún computador cuántico tiene la cantidad de qubits lógicos estables necesaria para derivar una clave privada de Bitcoin.
Es un qubit confiable, formado por muchos qubits físicos con corrección de errores. Es el que realmente puede ejecutar algoritmos como el de Shor.
Evita reutilizar direcciones, mantén tus claves privadas bajo tu control y, cuando la red adopte firmas post-cuánticas, migra tus monedas a los nuevos formatos.
Están en direcciones antiguas con la clave pública visible, así que serían de las primeras expuestas. La comunidad de Bitcoin discute cómo tratar esas monedas si el riesgo se vuelve concreto.
Sí. Cualquier red que use firmas basadas en curvas elípticas enfrenta un desafío parecido, y cada una tendrá que migrar a criptografía post-cuántica.
Este contenido es informativo y educativo. No constituye asesoría financiera personalizada ni recomendación individualizada de inversión. Operar instrumentos apalancados implica un riesgo elevado de pérdidas, incluida la pérdida total del capital invertido. Rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros.
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La computación cuántica es una amenaza real para parte de la criptografía de Bitcoin, pero no inmediata. Aquí ves qué se necesitaría para romperla, qué monedas están más expuestas y cómo puede adaptarse la red.
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